reía feliz en su foto
jugando con las muñecas,
abanico de colores proyectaba su sonrisa
sobre todo el universo.
“En ti no hay sol que se ponga,
no hay ocaso triste por ti”,
le decían los pastores.
Hecha mujer y sin fuerza
recuerda su pasado y sangra,
sangra y maldice sus temores.
Ahora, sin nadie,
ahora, perdida y sola,
llora, camina y llora,
por el bosque de los malos sueños.
La abandonan todos,
la niegan y repudian.
Antes flores le daban:
flores que son veneno,
pretextos de la traición.
Sin aire.
Sin aire, se para y corre,
y busca, sin encontrar,
y ¡nos busca!, con miedo y lágrimas,
lágrimas ¡sí!
Que rozan la tierra
y en nada se trocan.
Ya de noche,
ni siquiera acompañada por la luna,
tiembla y temblando llama
y nadie contesta,
y nos llama
y el silencio responde,
y siente que llega su fin
y ve como viene la muerte…
APOA
En algún momento de 2005

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