jueves, 4 de enero de 2007

DAMIEN

Cartón tras cartón fumarás
cajetillas nicotinadas,
creando ciclones pectorales
de oscuridad placentera.

Tomarás los frutos antiguos,
las plantas que dan la paz;
tu mente irá en volandas
sin trabas, con libertad.

Hijo del señor tenebroso
perdido en la selva
donde la diosa gobierna.

¡Déjense de milagros!
¡No le quiten la vaina!
¡Viva el zumo de cebada!
¡Viva la carne! Es jugosa;
cuando entre sábanas danza,
caricias de leche y miel,
salvajes besos raudos,
sudorosas noches de piel.
Sin lágrimas, dolor,
remordimientos vanos.
¡Salud a ti, hermano!

Hijo del placer justo,
justo hombre de labor,
laborioso en los manjares
de vida, arte y amor.

Te reirás de la muerte
en las entrañas del infierno.
Altas cimas conquistarás
e imperios derrocarás.

Pese a todo y gracias a eso,
nunca renunciarás a tus excesos.

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